La legislación en torno al copyright, o “derecho de autor”, también referida como “propiedad intelectual” está presuntamente diseñada para proteger los intereses del autor. Sin embargo en la gran mayoría de los casos donde esta ley es aprovechada en su potencial es por empresas que poco interés tienen en el beneficio de su creador. Los derechos intelectuales son cedidos a cambio de dinero, y explotados hasta el cansancio, aún 70 años después de la muerte de su autor original.

Independientemente de la entidad a quien protegen, sea una empresa o su legítimo beneficiario, esta no tiene en consideración la protección del acceso a la cultura y la educación, el uso creativo, la libertad de expresión, la importancia del archivismo, la igualdad de acceso a la información y el derecho al conocimiento. Tampoco considera el material que ha caído en desuso o ya no es accesible por medios comerciales, como el llamado “abandonware”.

La propiedad intelectual suele estar gobernada por intereses egoístas en lugar de ser abordada como un bien que pueda servir a la comunidad. Esto es más evidente cuando observamos su aplicación en bienes básicos para la supervivencia, como en el caso de los medicamentos, o información que innatamente debiese ser distribuible, como los paper científicos. Muchas veces el único objetivo y resultado detrás de la aplicación de esta ley es la creación de monopolios.

La naturaleza de un trabajo intelectual es completamente distinta a la de un trabajo material. Copiar no es robar, la copia de un trabajo no limita el disfrute del original. Si te robo una bicicleta tu no podrás usarla, pero si copio tu software los dos podremos disfrutarlo. La propiedad intelectual produce escasez artificial.

Esto es completamente evidente en el mundo físico, sin embargo en este también existen limitaciones legales a la copia bajo el nombre de la propiedad intelectual. Las patentes significan una limitación artifical a la innovación, un posicionamiento socioeconómico privilegiado y un desperdicio de recursos que podrían ser utilizados de mejor manera. Los trolls de patentes han desarrollado un mecanismo de abuso legal de manera sistemática, aprovechando los bajos estándares para su registro y los altos costos que significan la defensa ante estas demandas, tanto así que incluso se han levantado inciativas colectivas de financiamiento para hacerles frente, como el “Fondo de Defensa Contra Trolls de Patentes de GNOME”. La propiedad intelectual en forma de patentes ha permeado incluso en el ámbito de organismos vivos, como las semillas. El estado y las universidades constantemente promueven la inscripción de patentes sarcásticamente en nombre de la innovación en lugar de incentivar la creación de invenciones bajo una óptica pública y libre.

En contraste, las obras bajo el dominio público - es decir sin copyright - no se encuentran protegidas, estas pueden fácilmente pasar a mano de cualquier persona que las modifique o use como material base. Por ejemplo, la Biblia y las invenciones de Arquímedes están bajo el dominio público, pero traducciones o nuevas propuestas de estos trabajos pueden estar bajo copyright.

Incluso las licencias libres imponen requisitos mínimos muchas veces indeseables para una obra que ha sido diseñada con la intención de ser ampliamente distribuida, como la inclusión visible del nombre del autor. Las obras bajo dominio público, al no estar protegidas ante el apropiamiento y requerir liberación explícita de cada autor en cada modificación no son una opción viable en una gran cantidad de casos, aunque el autor original así lo deseare.

El copyright no se condice con el comportamiento típico en nuestras sociedades, y no está actualizado a la realidad actual. En muchas legislaciones ni siquiera existe la concepción del uso justo. La mayoría de las personas usa material distribuido “ilegalmente”, sin embargo las leyes debieran ser un acuerdo por el que nos regimos los miembros de la sociedad y reflejo de nuestro comportamiento común con fin de asegurar una convivencia pacífica, si esto no es así significa que otros intereses robaron nuestra capacidad de decisión al respecto, y algunos de nosotros pagan las consecuencias.

El Convenio de Berna, base principal para las legislaciones de propiedad intelectual a nivel mundial, ha tenido 7 iteraciones desde 1886 a 1971, momento en que ha sido congelado. Debido a la gran cantidad de países signatarios y la gran diferencia entre sus niveles de desarrollo se hace virtualmente imposible que este sea actualizado. La firma de este convenio es una pre-condición para la membresía de la Organización Mundial del Comercio. Debido a este tratado ni siquiera se requiere una manifestación de intención para la protección de todos los derechos sobre una obra, incluyendo el derecho a distribución. Sin embargo según la académica legal Dra. Rebecca Giblin:

El Convenio de Berna sólo exige a los estados miembros que respeten sus normas para las obras publicadas en otros estados miembros, no para las obras publicadas dentro de sus propias fronteras. De este modo, los países miembros pueden introducir legalmente leyes nacionales de derecho de autor que contengan elementos prohibidos por Berna (como las formalidades de registro), siempre y cuando sólo se apliquen a sus propios autores.

El mundo actual sería irreconociblemente mucho más pobre sin iniciativas que deshechan la idea del copyright en su escencia, como Wikipedia, el movimiento del software libre, las redes P2P, o el mismo internet. Tal vez es tiempo que cuestionemos el estado actual de las cosas en esta materia. No existe una única respuesta correcta y de seguro que hay muchas cosas que considerar, pero si hay algo claro es que la información quiere ser libre, y nos enriquece que así sea.

Gracias Wikipedia, qué grande que eres <3

Liberado bajo los términos de la CC0

Felix Freeman < sir arroba hacktivista punto com > 2019