Chile vive un momento histórico, un momento que sucede muy pocas veces en una vida, a veces ninguna. El momento donde la sociedad entera cuestiona su realidad, su normalidad, y hace algo al respecto. Hoy podemos poner en nuestras manos el poder de decisión sobre cómo vivir, es el momento constituyente.

La humanidad y su relación con la tecnología también vive un momento histórico. La digitalización de los medios e interacciones es cada vez más ubicua; la centralización de las comunicaciones también lo es, el rastreo de nuestras interacciones y nuestra vida, el arrebatamiento de nuestra atención y nuestros datos, la apropiación de nuestros registros y creaciones, la limitación artificiosa a nuestra creatividad y acceso al conocimiento. La consciencia sobre nuestra vida digital también crece entre algunos de nosotros.

En este Chile, en este momento tenemos la oportunidad para reflexionar sobre nuestros derechos digitales, de poner en cuestionamiento la propiedad de los bienes digitales estatales, el modelo del copyright y las ataduras que ponen en jaque nuestra naturaleza social y nos empujan a tratarnos con hipocresía. La mayoría de las personas usa material distribuido “ilegalmente”, sin embargo las leyes debieran ser un acuerdo por el que nos regimos todos los miembros de la sociedad y reflejo de nuestro comportamiento común con fin de asegurar una convivencia pacífica, si esto no es así significa que otros intereses robaron nuestra capacidad de decisión al respecto, y algunos de nosotros pagan las consecuencias.

El medio digital liberado asegura libertad para usar, estudiar, modificar y distribuir una obra, permitiendo compartirla con familiares, colegas, amigos e incluso desconocidos con seguridad y sin restricciones injustas.

El movimiento por la libertad de los medios digitales comienza con la libertad del software, y se expande en los movimientos por la cultura y el conocimiento libre. Es un cuestionamiento práctico y concreto sobre la forma en que formamos nuestra sociedad, sobre las motivaciones detrás de nuestros actos y sobre las reglas del juego. La libertad de los medios digitales permite la participación en el proceso de creación, la contribución de material, ideas y mejoras directa o indirectamente.

Quien libera su obra deja en claro que no desea sacar provecho injusto de su posición. Al liberar una obra el autor comparte algunos de sus derechos con la comunidad, otorgando libertades razonables a los usuarios, quienes desde ese momento tienen la capacidad de aportar a este. Al liberar una obra un autor baja de su posición de poder para decirle a su semejante: somos iguales.

El movimiento por la libertad de los medios digitales es un movimiento por nuestra autonomía y nuestra comunidad. Las tecnologías libres nos invitan a reflexionar sobre nuestra vida digital ya no como espectadores o consumidores, sino como seres creativos y sociales.

El momento de actuar es ahora, tal vez no vivas otro igual, no lo dejes pasar.

Texto liberado bajo los términos de la CC0

Felix Freeman < sir arroba hacktivista punto com > 2019